Hungarian Online Resources

est. 1993 by UMCP Hungarian American Student Association

SANGRE HÚNGARA

por Albert Camus

No soy de los que desean que el pueblo húngaro vuelva a empuñar las armas y se precipite a una insurrección condenada al aplastamiento ante la mirada de una sociedad internacional que no le escatimaría aplausos ni lágrimas, pero que luego se calzaría otra vez sus zapatillas como los „hinchas" el domingo por la noche, después de un partido de copa.

Ya hay demasiados muertos en el estadio y no podemos ser generosos sino con nuestra propia sangre. La sangre húngara ha demostrado ser demasiado preciosa para Europa y para su libertad, hemos de ser avaros con cada gota suya.

Pero tampoco soy de aquellos que pueden o quieren conformarse, aunque sea resignada o provisionalmente, con un régimen de terror, que no tiene más derechos a llamarse socialista que los verdugos de la Inquisición a llamarse cristianos.

En este aniversario de la lucha por la libertad deseo con todas mis fuerzas que la resistencia silenciosa del pueblo húngaro se conserve, se vigorice y, clamando con nuestras voces, obtenga de la opinión pública internacional el unánimo boicoteo de los opresores.

Y si esta opinión es demasiado endeble y egoista como para hacer justicia a un pueblo mártir, si nuestras voces resultan demasiado débiles, deseo que la resistencia húngara se mantenga hasta que el Estado contrarevolucionario se derrumbe en todo el Este bajo el peso de sus propias mentiras y contradicciones.

La Hungría vencida, encadenada, ha hecho más por la libertad y por la justicia que cualquier otra nación en los últimos veinte años. Pero para que esta lección llegase convenciera en Occidente a aquellos que se tapaban lo ojos y los oídos fue necesario, – y nunca podremos concolarnos de ellos -, que el pueblo húngaro derramara su sangre, una sangre que ha empezado ya a secarse en el recuerdo.

En la actual soledad de Europa no tenemos más que un medio de permanecer fieles a Hungría: no traicionar nunca, ni en nosotros mismos ni en los demás, aquello por lo que los combatientes húngaros murieron, y no justificar nunca, ni siquiera indirectamente, lo que les mató.

No será fácil mostrarnos dignos de tanto sacrificio. Mas hemos de intentarlo en una Europa unida al fin, olvidando nuestras querellas, enmendando nuestras faltas, multiplicando nuestras esfuerzos y nuestra solidaridad.

Creemos que paralelamente a las fuerzas de opresión y muerte que oscurecen la Historia hay en marcha en el mundo una fuerza de persuasión y vida, un inmenso movimiento de emancipación que se llama Cultura y surge de la creación y del trabajo libres.

Los trabajadores e intelectuales húngaros, que hoy nos tienen a su lado con tanto dolor impotente, lo han comprendido así y nos lo han hecho comprender. Por eso su desgracia es nuestra, y su esperanza, también. A pesar de sus sufrimientos, sus cadenas y su exilio, nos han dejado una herencia regia que hemos de merecer: la libertad, que ellos no han "„scogido"" sino que nos han entregado en un solo día. (1957)

*

Albert Camus (1913-1960), novelista, dramaturgo y ensayista francés, es considerado uno de los escritores más importantes posteriores a 1945. Nacio en Mondovi – actualmente Drean – Argelia. Estudió filosofía y letras y fue rechazado como profesor a causa de su avanzada tuberculosis, por lo que se dedicó al periodismo como corresponsal del Alter Republicain. En 1957 recibió el Premio Nobel de Literatura y tres años después muere en un accidente automovilístico en Villeblerin (Francia) el 4 de enero de 1960.